miércoles, 23 de febrero de 2011

Hoja Muda


Cualquier hoja es buena, toda pretende ser escrita, te enfrentas a ella, ansiosa, con alegría, sintiendo una mezcla entre emoción y miedo, se valiente te susurra el viento.
Frente a esa hoja en blanco, te posicionas, ella no puede con vos, o si?
Crees que sos más fuerte, aunque en realidad ella puede contigo, te apuñala con cada palabra no escrita, te viola con esa blanca vestidura.
Pensabas que era fácil, desembocaban por tus manos las palabras que no eras capaz de vocalizar, te sentías mejor al esculpir tus miserias en el papel, pero ahora no podes.
Necesitas desquitarte de todo, volcarte sobre ese rectángulo pequeño que te absorbe como un agujero negro, infinito, inabarcable.
No podes vivir sin tachaduras, sin letras, sin espacios, ellos ocupan tu vida, te rescatan de sumergirte en la profunda locura, te mantiene a flote o al menos eso creías.
Sentís que te presiona el pecho, que no te deja respirar ese papel virgen, que te mira y que no dice nada. Quieto, mudo, impenetrable.
Lloras, pero no es suficiente, gritás pero no calma tu perturbación, soñás, pero no vale de nada sino llena los agujeros de ese sofocante árbol reducido a menos.
Y de un momento a otro, desaparece, ya no es impoluta, ya no es inmaculada, delineaste la primera sílaba que desata el nudo que te agranda, que te expande, que te hace libre, que te ensancha.
Volvés a la superficie, te sentís desnuda, nadando en la boca de una lámpara, clara, dando pequeños pasos, comprendes de nuevo por qué lo haces, sonreís. Tu mano sigue el ritmo de los pájaros, y vuelan lejos, donde los ojos ni los labios tienen valor.

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