Ahora, cuando las luces se encienden y los bichitos de luz aparecen en el campo, pienso, escribo y sueño. La ciudad se vuelve solitaria y calladita, inaugurás el sacón y la bufanda, volvés a disfrutar de meter las manos en los bolsillos, calentitas, resguardadas, los pasos se vuelven profundos, contundentes, se mezclan con el cemento. Y al llegar a casa brindo con un café intenso, que acalora las yemas de los dedos, la boca y el cuerpo.
Me siento acá, frente a la computadora, segura. Pienso lo mucho que extraño el frío, el sentir la helada en los cachetes, el usar mi boina y el esconderse en un bar a charlar.
Las formas y los colores resaltan en la negrura del invierno, en la humedad grisácea que se nos cuela en la vida sin darnos cuenta, y en estos días, quiero usar el naranja, y bailar con el violeta por el casco antiguo, y desenvolverme con el rojo leña.
Me siento acá, frente a la computadora, segura. Pienso lo mucho que extraño el frío, el sentir la helada en los cachetes, el usar mi boina y el esconderse en un bar a charlar.
Las formas y los colores resaltan en la negrura del invierno, en la humedad grisácea que se nos cuela en la vida sin darnos cuenta, y en estos días, quiero usar el naranja, y bailar con el violeta por el casco antiguo, y desenvolverme con el rojo leña.

Con que dulzura lográs describir (como decía una amiga) lo "íntimo del invierno", esas imágenes tan conocidas pero tan poco puestas en palabras... el frío es abrazador y ahí está su calor, su intimidad... nuevamente palabras que me trasladan..
ResponderEliminarEn este día tan especial no me queda más que desearte un muy feliz cumpleaños y que nunca dejes de ser esa viajera mística que esparce, entre pasos y malabares, los colores de la vida...
Die