Apoyo mis pies contra la ventana, besándose con la brisa de la aurora ya casi anaranjada,
tiñéndose de a poco cian.
Siento el olor a mar lejano, murmurando versos fríos y risueños.
Todo se transforma en juego, pelea, ríe, disfruta de verdes sueños, sueños pequeños, tintineantes.
Inexplicablemente todo se conjuga, se tiene babilónico y cometa.
Entonces yo esbozo una sonrisa arcaica y aprecio este banquete de armonías.
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