jueves, 29 de marzo de 2012

Esta Tristán


Hoy, desde la puerta del local observaba esa calle que se contonea delante, esa Tristán que sin ser tremendamente extensa abarca innumerables mundos, te absorbe a su mundo donde conviven cientos de dimensiones,  extravagantes, tenebrosas, amables, compañeras, académicas, nocturnas y enviciantes.  Porque es así, en el día es atravesada por miles de transeúntes que van dejando su huella y sin siquiera pensarlo se llevan consigo mil historias. Personajes de este Montevideo insomne, delirante e inhóspito que los devora y regurgita invisibles. Han cruzado al más allá y su regreso no es valedero, los archivamos como muertos vivientes y pasan al sector del olvido, de ser vistos y negados, cosificados como elementos mórbidos del paisaje.
Sin embargo, aclarado el pavimento, el saber se inyecta en las aceras, los libros rebozan y coartan el caminar construyendo laberintos de paradojas.
Y aun así atrapa por su singularidad, su desprolijidad poética, sus incansables oportunidades y su diversidad de ofrendas. 
Es una calle con piernas y mentes, a todas permite su espacio, los acobija con su singular querer que es ambivalente, familiar, irreverente y adictivo, tierno y efusivo.   

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