sábado, 25 de agosto de 2012

desfiladero


Vos caminas por el desfiladero, ese estrecho abismo que separa difusamente la locura de la cordura, te balanceas, incluso te dejas caer rebotando en sus paredes para volver a erguirte vivaz, cromático delirante. Te veo zarandear tu cuerpo de hombre  intangible, liviano, y me incitas, me  abanica tu presencia, quiero acompañarte ahí, peleando al destino imperfecto, sacudiendo las preocupaciones que se desfallecen ablandadas, acuosas, líquidas, carentes de significado.
Te invoco una y otra vez, conjurándote, suplicándole a la luna compañera que ejerza su potencia, que al mirarme me veas, para que pueda desenredar los millones de misterios que esconde tu coraza extravagante, que se camufla en la marea de la distracción, evitando ser señalada, quebrada, amada.
Porque tú también le tienes miedo al amor, a lo que surge en nuestro encuentro, las luces, la energía del oscuro cuarto de heroinómanos del deseo, los chacras gimiendo rotundos de satisfacción, los golpes genuinos que movilizan los canales del sentir, del placer.
Yo temo, demasiado, me aterroriza entrar en tu dimensión y a la vez me seduce, es un campo de incertidumbres fértiles. Me opongo, cierro mis persianas, me cobijo turnadamente entre el silencio absoluto o la imparable verborragia vacía. No puedo besarte puerilmente los labios, sin sonsacar el erotismo de tocarte y zambullirnos en tu establo de demencias, tiembla mi cuerpo en el trayecto intentando dilucidar los pasos dados y los que vendrán, te niego los abrazos del dormir y los del despertar.  Parece que sólo sé rozar tu cuerpo para excitar, para extraer el petróleo de tus huesos, hambrienta leona que caza inescrupulosamente a una torpe presa.
No. Quiero acariciarte los hombros, deslizarme cariñosamente hasta tu ombligo, entretenerme en tu sobresaliente clavícula, reconocerla con mis dedos, contar los lunares y las heridas que mapean tu piel, tu ser, descubrir las hazañas, las tristezas, la fatiga, la alegría. Despistarme con tu sonrisa para nuevamente arribar en tu rostro, contornearlo, delimitarlo, conocer el calor de tus mejillas casi ocultas, comprobar el espesor de tu barba, comprender las perspectivas y los planos de tu nariz. Darte el cariño que no quiero darte por miedo, desconstruir  tu persona, tu vida, la mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario