miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dolida



Estoy dolida, 
lo asumo.
Comprendo que las siguientes palabras
están manchadas de tristeza.

Desde este lugar mísero
te digo que te di demasiado
en vos canalicé tanto amor
olvidé que eras un hombre de carne y hueso
te deposité en el mundo de las ideas
burbujeante, liviano
atrayente
escurridizo.

Pero sos un ser sapiente
narcisista y mundano.

No entendiste nada
te arrodillaste ante el miedo
y te refugiaste en conceptos vacíos

Quisiste escaparte.

No lo entiendo ni lo entenderé.

Pudiste marcharte de tantas formas
nunca negamos esa posibilidad

pero no así
cobardemente

contradiciendo tu decir

Sólo quiero contarte que
el movimiento de los cuerpos y el sentir
nunca  (nos) encadena
el amor no ata.

Es libertario
colorea y potencia
enardece y transforma
es nuestra arma cotidiana
es el deseo terrenal
es nuestro pan.

Hace bien
cuando lo dejamos ser
cuando nos miramos


y nos dejamos querer-queriendo 
en cualquiera de sus intensidades.


Así lo quiero yo, 
por eso te digo adiós.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

pequeña disertación...pequeñísima...

Me quiero pronunciar, dejar escritas algunas palabras, que aunque el agua lave, habrán sido dichas.

 No quiero que mi tiempo sea medido por otro ritmo que no sea el del amor, entendiéndolo como más que el marco artificial y rimbombante que nos venden, que nos inculcan. Pensándolo como todo aquello que nos potencie, nos haga mejores, nos nutra. Es decir,  todo aquello que queda por fuera de lo delimitado como campo amoroso, que casi nos roban cuando dicen que el amor es una cosa, un objeto, que es monógamo, que se puede cuantificar, medir y hasta impedir. Cuando nos dicen que el amor es posesión,  celos, seres mixtos que hacen un solo cuerpo despreciando su individualidad. Cuando nos niegan lo diverso, lo ambiguo, lo que no se puede explicar.
No, eso no es amor, no.
Quiero que el amor que pienso se haga, que lo hagamos, todos, todas, todo el tiempo.
Quiero que nos queramos aunque no nos banquemos, aunque el otro o la otra nos incomode o nos irrite, quiero que nos queramos lo mínimo para no lastimarlo a propósito, ni siquiera sin querer queriendo.
Quiero que la oscuridad deje de ser entendida como todo lo malo, como lo negativo del mundo, sin ella tampoco hay nada, sin la oscuridad los besos tiernos de antes de dormir no serían  lo mismo, las caricias infraganti no tendrían el mismo sentido, los roces no significarían lo que son. La voz no resonaría igual sin ella, el tacto no sería el protagonista, ni el resto de los sentidos.
En la oscuridad pasan muchas cosas, de ella surgimos, en ella nos gestamos, nos hacemos de a poquito, y en ella nos escondemos, nos refugiamos cuando nos perdemos o cuando nos queremos perder.  A ella acudimos cuando la luz nos ciega, nos invade, nos marea.
En ella vivimos cosas que no viviríamos con el sol del mediodía ni con el sol de medianoche.
Quiero decir, que aunque me ponga cursi (de lo que me doy cuenta),  tenemos que decirlo, tenemos que gritarlo,  escribirlo, pronunciarnos, si queremos construir este mundo desde otro lado, tenemos que explicitarlo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

hacer el amor



Tengo ganas de hacerte el amor. 

Nunca me imaginé diciéndolo sin una sonrisa burlona, sin embargo acá me hallo, sintiéndolo, pensándolo, queriéndolo.
No encuentro ni mejores palabras ni tan reales como esas para expresar la necesidad de ese abrazo, de esa conexión, de ese encuentro.
Rompo el cascarón del cinismo, despojo a esas palabras de la cursilería redundante, para decirte que tengo ganas de hacerte el amor, no sólo dulce y silenciosamente, también te quiero devorar sin tapujos, gritando, riendo.
Sentirte, que me sientas, vernos desnudos sonriendo, besarnos todos, tocarnos cada retazo de piel.
Sí, quiero hacerte el amor.