Me gustaría recitar intrigas en tu oído, oído que no es el
tuyo, sino aquél que yo creo que es y deposito en los laterales de tu cabeza,
esa cabeza que también imagino como tuya, como quiero que sea, está hecha toda
de trozos de saber, de música y de truenos. Y esas palabras nadan hasta lo más
profundo y rescatan una sonrisa, una idea o un suspiro, y tu boca emana
fotografías, versos, tiempo oxidado,
todas ellas impactan en mi piel, fusionándose y haciéndose mar con las
mías, y entonces yo pienso que el mundo reducido de los dos es ancho,
suficiente, inesperado. Y me nace recitarte estas poesías bajo un sauce
llorón, que nos acurruque melancólico y
manso en su regazo, y tu piel se vuelva chispa con el roce de la mía, y que
nuestro silencio pactado rompa la tregua de este campo aislado, y ardamos
convencidos de ese paso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario