sábado, 30 de julio de 2011

Querida gigante de pequeña estatura

Querida gigante de pequeña estatura:

Gracias es la primer palabra que nace en mi boca, por ser mi primer hogar, por tus tiernas alas que me supieron y saben abrigar, porque tu mirada es una caricia perpetua.
Sos una leona implacable de fuertes garras y hermoso pelaje, un ser de otra tierra.
Por vos comprendí el significado de ser bruja, la importancia de ese nombre que abraza tantísimas cualidades y que conlleva una forma de vida, ser luchadora contra viento y marea, sin importar tamaño ni forma, sabiendo cargar tu pasado y forjando tu presente.
Te quiero además porque sos brújula para tus hijas y amigas, red de millones de palabras en verso y prosa, sos cánticos de luna llena, sos una Atenea terrenal.
Has sabido cultivar cientos de semillas que de a poco van germinado a tu alrededor, y pronto darán sus frutos, porque tú, madre, has sentido la tierra entre tus manos y la has regado con tu llanto y tu sudor.
Gracias madre por haberme enseñado tanto, gracias por ser quien sos.


martes, 26 de julio de 2011

desencuentro

Que desencuentro el nuestro, nos trazamos una frontera imaginaria que nos polariza casi inconscientemente.
¿Tú te cansaste de esperarme o te escapaste con el primer suspiro derramado?
Tal vez tardé demasiado en aparecer, o mi presencia escurridiza no te colmó.
Sé que me exaspera no saborearte, no tenerte y conocer quién duerme a tu lado, ese lado que siento mío, que sueño con ocupar.
Y qué más da los deseos que aquí escribo? Si tú no los conocerás, si no se cumplirán, si se perderán en el papeleo necesario de la vida, caerán en el olvido junto a aquellos que me asombraron por un segundo y se retiraron con un tenue soplido.
Escribo para desquitarme, para expulsarte de mis pensamientos y clavarte en estas hojas, lejos de mi mente, para que se estropeé tu imagen idealizada con la erosión del tiempo y del camino.

desearía odiarte

Como desearía odiarte para no buscarte entre mis sabanas arrugadas, para no seguirte con la mirada, para no pensarte ni extrañarte. Para rechazarte y enojarme con tu presencia  seductora bañada en ámbar. Ojalá
te sintiera innecesario,  superfluo y fugaz, no te imaginara camino de naranjos conjugando una ácida felicidad. 

miércoles, 20 de julio de 2011

mimar con la risa

Te quería robar un abrazo antes de tiempo en esa ronda donde compartíamos, con los ojos estrellados y la boca satisfecha. Con la mirada habíamos establecido la consigna, desnudarnos las sonrisas, desnudarnos todos, quedarnos al natural unos instantes que abarcaran quién sabe cuanto tiempo y disfrutarlo. Era un juego, como nuestras vidas, como todo lo que buscábamos, algo que nos retumbara dentro, que nos entusiasmara de tal forma que la sensación perdurara y pintara cuanto hacíamos.
La rutina se parece a una pecera, se vuelve un espacio limitado y prisionero, cada día nos roba un poquito más y nosotros apenas lo percatamos. Por esto, por tantas cosas quería venir a jugar con vos, a mimarnos con la risa, a querernos desde dentro hacia afuera, a darle lugar a la felicidad para que se acomode y coloreé. 

sábado, 16 de julio de 2011

lo que será...

Intento ampararme en esquinas desiertas, irónicamente ese cielo rojizo que nos envuelve hace horas se manifiesta en un goteo constante, con gruesas lágrimas que me recuerdan a las tormentas veraniegas. El viento corre entusiasmado, coqueteando con las hojas y los árboles, las nubes alarmadas se mueven como si alguien tironease de una sábana, delicadas y frágiles.
A su vez se palpa en el ambiente cierto grado de calor, los edificios, las calles, las veredas exhalan su respiración nocturna, húmedo asciende el vaho hasta mi cabeza.
Y sólo escucho el sonido de mis botas avanzando, mi cuerpo contraído defendiéndose de la lluvia, mis ojos sólo son unos arabescos livianos que buscan no alejarse del camino.
Parece que soy la única habitante que deambula por las calles del sur, buscando consuelo, buscando razones, buscando excusas y pensando en lo que será…

viernes, 15 de julio de 2011

caminando estoy hacia alguna orilla

Caminando estoy hacia alguna orilla, algún puerto que me ampare y que brinde por mi libertad, de irme y volver, de irme sin regresar jamás. Que se alegre por ser visitado, por ser acompañado, por lo que se hace acá y ahora entre los que estamos, por los que vinieron y no están, por los que van a llegar. Que comprenda mis ganas de caminar, de cruzar y saltar, de viajar y conquistar, pasear y preguntar, quedarme si tengo ganas de parar y pensar.
Ando buscando esa puerta sin cerrojo, que siempre está dispuesta a dar, con el cuerpo al aire de par en par, que acepte y que despida con ternura y amor a quienes se atreven a saludar.
Que todos sus susurros sean verdades gritadas, empapadas en  ansias de tejer secretos en común. Que nunca niegue una razón ni se oponga a tu elección, que te abrace con dulzura y te deje en libertad. Caminando estoy hacia alguna orilla, algún puerto que me ampare y brinde por vivir.

encuentro con Merlina

Me encontraba nuevamente con Merlina, pero era distinto, profundizábamos en otras conversaciones y sin embargo todo aquello que decía tenía una invisible escritura en broma, como absurda. No había pasado un día de la visita anterior, pero no la reconocía, hurgaba  entre las ramas esperando hallar un vestigio de lo que era.
La irracionalidad bailaba a nuestro alrededor  poseída por un viento pasional, intentaba alejarme de la situación, corriendo  contra la marea que me argumentaba hacia el centro del huracán paradójico.  Y desde acá la pensaba, la miraba, la cuestionaba, tan extravagante y dinámica pero con ciertos azules clásicos que daban seguridad, no podía atraparla en una palabra que la definiese ni la alcanzase,  y se me hacía difícil comprenderla, sobre todo acercarla a mis infiernos y mis fantasmas.

miércoles, 13 de julio de 2011

camina dentro de si misma

Se había caído dentro de si misma y empezaba a empequeñecerse, menguaba a pasos agigantados y la vergüenza la envolvía. Su cara era un papel en blanco, no decía nada, no mostraba nada, pero uno sabía que ahí se hallaba un potencial. Sus manos eran hojas otoñales, curtidas pero bellas. Sus pies tenían la manía de arrastrarse un poco, como besando el asfalto por el que avanzaba, cuando se daba cuenta de ello, el primer paso siempre era desproporcional, levantaba su pie como si un escalón estuviera a continuación.
Cargaba montones de cosas, un morral que a pesar de su gran tamaño rebozaba, en sus manos el termo y el mate, el abrigo, la bufanda puesta que se le revelaba y caía como chorreando de un lado y cuando era acomodada, su otro extremo se dejaba escurrir, parecía que ese objeto estaba decidido a sacarla de quicio.  Turnaba el cigarro desde su boca a su mano más libre, de ésta a la otra, luego nuevamente a sus labios, casi haciendo malabares para no detener su paso ágil pero con cierta dificultad.
Sus ojos bajos, mirando el piso, intentando no tropezar y esquivando a los transeúntes que al igual de ella marchaban a un paso ligero, con prisa atormentados por el tiempo. Con más de uno chocó pero ni levantó la mirada, trató de hacer un gesto de disculpa pero la cantidad de elementos no la ayudaba, el miedo y la vergüenza tironeaban de ella cada vez más hacia dentro aniquilando las palabras…

miércoles, 6 de julio de 2011

Postales

En mi cuarto cuelgo postales a las paredes, la mayoría en blanco y negro, me asombran, en ellas me veo de alguna forma, ese instante se me muestra  con deseo de ser pasado, presente o futuro. Me hipnotiza especialmente la del diente de león, su detalle, su simpleza y su virtud de ser natural, tal vez esa flor me recuerda mi pelo que se siente como pompa de jabón y resalta en la multitud. La del músico que apenas tiene imagen, cercado queda su rostro, pero aún así, parcial y desplazada realza la belleza de la pasión y la constancia.
Aquella hilera de hombres fisgoneando, curvados, insinuando los susurros y comentarios, con ese color sepia que te retorna a la época.
Esa chica de la que se desconoce situación, parece internada en el cruce del sueño y la muerte, es  apatía cristalizada, y esa mano que intenta contenerla, resguardarla del golpe de la vida, firme se esbozan los dedos entre esa melena negra. Calles identificables, añoradas, esperanzadoras, se rozan con una ventana que encuadra la espera, dos adultos mirando el infinito reflexionan, y allá a las cansadas, una joven que se extiende abrazando nuevamente la luz.

lunes, 4 de julio de 2011

Duda

De pronto, como si nada, cae entre mi café y yo la duda. Es una gota de vino tinto, difícil de ignorar, me hace pensar en la sangre, en la traición, en mi traición, en mis mentiras.
Se ha derramado, aunque pretendo esquivar esa mancha, poco a poco crece y comienza a teñirlo todo, se vuelve río y amenazadoramente ya toca mis tobillos.
Mi plan era pulcro, carente de maldad, tal vez demasiado ingenuo.
Incluso los hechizos pierden efecto, ahora tengo los pies clavados al suelo y sólo logro pensar en este vino que me acaricia las rodillas.