sábado, 30 de abril de 2011

Rabia

No podes imaginarte la rabia que siento ahora, se fue engendrando en mi interior, pausadamente pero constante, me ha alejado tanto que no reconozco esta realidad, todo parece ilusorio, un instante certero perdido en un mar de mentiras, de engaños y promesas.
Esta rabia ya crecida, tiene huesos y músculos, tiene pelos y uñas, me araña desde dentro pidiéndome que haga algo, pero las dudas embriagan mis días y paseos, mis actos se trancan buscando una solución que me regrese a ese camino que era mi vida.
Quiero la verdad pero no vivir con ella, quiero sinceridad que no destruya mi realidad ni a mi, ni a ti, ni a un (ahora) desconocido nosotros.

viernes, 29 de abril de 2011

paseo incabable y cirular

Paseo por una ciudad gris que me abraza, me lleva consigo, me acurruca junto a su odio, allí choco con esos compases que narran los sonidos subiendo de escalón, ellos me trasladan a paisajes verdes puros, nublados, donde bebo una copa de vino, donde el silencio se acomoda y nos sentimos satisfechos de compartirlo.
El humo desciende hasta mis pulmones,  palpando cada uno de sus recovecos, y sale fuera, un movimiento automático que requiere de millones de diminutas acciones, y mientras, pienso.
Navego hacia quien sabe donde, tal vez a ese lugar donde plasmo aquello que me recorre y se instala en mi boca, que insiste en dibujarse en esta hoja, se realiza, se hace gesto inmutable y persigo campos de amapolas, deambulo por caminos repletos de naranjos, y el viento me abalanza contra esta silla incorruptible, siempre sincera,  que se apodera de mis manos y dirige un mundo paralelo inacabable y circular.

miércoles, 27 de abril de 2011

otra historia más guardada en un cajón...

Hacía tanto tiempo que no la veía, no podía asumir que en unos minutos nos  reencontraríamos, reconocía mis pies, mi cuerpo, mi pensamiento pero no podía creer que estuviera por unir mi existencia con la suya otra vez.
Me miré al espejo una vez más, para corroborar que todo llegara a su máximo potencial, amortiguando aquellos desgastes que tiempo deja en tus mejillas, en tus labios, en tu persona.
Al salir la descubrí en un salón agotado,  percibí la caída de su pelo, el color de sus botitas, esos ojos almendrados, aquella escalera de lunares infinita, todo la hacía, era una compleja sinfonía, pequeña y cromática.
Ella me miró desde lo lejos y contuvo la respiración unos segundos, eran cientos de rasgos e imágenes ligadas a ellos, caravanas modificadoras de un todo igual y distinto. Era agradable su mirada, perpleja pero satisfecha, disfrutaba de nadar en ella, cómodo y distendido.
Nos hablábamos, desde tantos puntos, conversábamos con el cuerpo, con el gesto  y con la boca, con las manos. Era una situación irreal, inasumible y a la vez cotidiana, uno frente al otro, tanto lo habíamos ansiado y ahora ahí estábamos, éramos los protagonistas del sueño hecho práctica, nos inundaba la emoción, titubeábamos, a veces nos colmaba el silencio y simplemente nos refugiábamos en él para memorizarnos, para sacarle todo el jugo a esa reunión inaudita.
La charla iba mutando, era un camaleón en juventud juguetón y excéntrico, como nosotros, como nuestro pasado, como nuestro presente.
Lo disfrutábamos enormemente, me sentía joven, la veía joven y madura, en el pico de su vida, y yo lo estaba compartiendo con ella.

Habíamos dejado las armas, ya no queríamos guerras, habíamos entrado en una tregua repleta de paz y de concesiones, cedíamos, acompañábamos, nos buscábamos y queríamos desde lo mejor.
Comparándonos con el pretérito de nuestra relación, todo era tan opuesto y tan parecido, habíamos conseguido expandir y completar todos nuestros momentos de esos colores felices de los que habíamos gustado.
Se abrían un millón de puertas frente a nosotros, en abanico, las cuerdas se tensaban por encontrar una respuesta acertada y duradera, tal vez estábamos demasiado ansiosos por elegir, pero queríamos algo concreto, exacto, delimitado y flexible y nos lo prometimos, íbamos a conseguirlo...

sábado, 23 de abril de 2011

y sueño y quisiera y me gustaría...


Sueño con que quepo en tu pecho blanquecino, bello y endeble,
que en él puedo rodar y expandirme,
y que tú quieres conservarme ahí,
donde puedes contenerme.
Y le gritamos a las horas que nada importa,
y donde el roce nos consuela,
y la distancia no nos aleja,
donde no hay más mundo que el contorno de esta cama,
y los días y las noches no tienen sentido,
porque el tiempo queda reducido al espacio entre mi vientre y el tuyo,
y las estaciones cobran vida en dos únicos sonidos.

Y cómo me gustaría que así fuera…

viernes, 22 de abril de 2011

sin solución

Hay cosas que ya no tienen solución, porque han dejado de ser un problema, una pregunta o una incógnita. Sólo podes aceptarlas, masticarlas con buen sabor o dejarlas atrás como una fotografía añeja y polvorienta.
Así que bienvenido el pasado fructífero y dulce, que incrementa el volumen del presente, que lo potencia y te enseña.

Recuerdo



Recuerdo que no muchas veces me paré a observar tu cara,
ese río violeta que se acurruca sobre tus ojos, envolviéndolos, acompañando la caída de tu nariz.
Tenías una mirada fría, pero intensa,  de niño abandonado, cruel pero sin maldad, huraño porque la vida te lo exige, sin remedio, era tu defensa y la mía.
Encorvados en ese cajón pintado de soledad que elegimos, por miedo, por experiencia, por  necesidad, por ahorrarnos esos pasos intermedios que nos dirían que todo iba a estar bien, que la tormenta nunca llegará, porque sabemos que  aunque lo neguemos la tormenta  siempre llega y lo arrasa todo.
Por qué ceder y sufrir, arrojarse al vacío por una posibilidad, pedís un voto a ciegas.
Me pierdo en los versos que te dedico, que se asoman y esbozan las calles de Madrid, las caminatas inacabables buscando un entretenimiento nuevo, las risas retumbando en las paredes añejas y cercanas, las miradas que auspiciaban un tal vez seguro.
Te escribo porque te encuentro acompañándome a todos lados, y encontrándome con vos en otros mundos y quiero que lo sepas.

jueves, 21 de abril de 2011

Cartas para esperar la aurora


Perdona, me tomé el atrevimiento de escribirte, de entrar en tu casa para contarte mis secretos, para disculpar mis movimientos, para explicar mis actitudes, para zanjar nuestras deudas y poder resurgir sin manchas ni rencores, para poder entendernos y abrazarnos desde la verdad.
Me debatí unos momentos para elegir las palabras indicadas con las que empezar esta carta, iniciar con el arrepentimiento, con el descaro o la voluntad, escogí la sinceridad, hablarte desde acá, desde éste lado del mundo desplazado.
Durante mucho tiempo te he pensado y tenido presente, eres un recuerdo tatuado, muy evocado.
Mirando mis textos descubrí cuantos de ellos te pertenecen, te supieron imponer en mi mente cientos de miradas, de usos y de abusos, de ternuras y locuras, de besos y de renuncias.
Eres un trozo de mi vida importante, al que me negué descubrir, al que tomé sólo para los viajes que precisaba, para componer historias a medias. Me indiqué un camino cercado para algunos sentimientos, plantando limitaciones para ti.
Tú me facilitaste algunos atajos, me ayudaste de a ratos a escavar pozos por los que fugarme, y poder sentirte dolido una vez más y nadar en tu soledad establecida. Colaboré en tus miedos, y permití que dieras pasos hacia el abismo, mintiéndote, mintiéndome y emitiendo silencios versátiles.
Nos abstuvimos de tantos placeres, renegamos de tantas caricias y te quieros, nos mortificamos minuciosamente hasta el punto de odiarnos y menospreciarnos, que el sendero se hizo estrecho y peligroso, casi por completo venenoso.
Quemé tantas salidas deliberadamente, sacudí tantos bosques y ahuyenté las señales de culpa y arrepentimiento.
Ojalá nuestro camino hubiera estado repleto de amapolas, así tal vez  hoy no te escribiría anhelándote desde una noche otoñal, sino desde la primavera cercana y esperando la aurora en alguna cama, junto a ti.

jueves, 14 de abril de 2011

tercos aferrados

Besarnos con la mirada, disfrutar con solo pensar que eso pueda llegar a ser realidad, de entendernos de tal modo, que congelábamos la habitación, suspendida en ese momento.
Lo absorbimos con delicadeza, lo asimilamos sin realizar ningún acto, y retornamos a esta dimensión, empobrecida y vulgar, donde se finge un bienestar inalcanzable.
Decidimos irnos a dormir, el alcohol navegaba sin rumbo por nuestro cuerpo, descontrolado y feliz, y la locura se orientaba a puertas diferentes, sin dudarlo abrazamos la misma cama, incapaces de desprendernos del todo de aquél momento, sin querer encontrar en el vacío la desolación, tercos aferrados necesitados y alimentándose del otro. Allí ocurrió todo, maravillosamente atemporal, único pero infinito. 

Quiero

Quiero algo profundo, honesto, firme y concreto pero con cierta flexibilidad, con hambre de conocimiento, con claridad, con reciprocidad, complejo, pasional, monumental.
Hallar belleza en el cemento y en el mar, sentirme rodeada de tantas verdades como ladrillos para construir una casa. Para flotar en mi vida revoltosa, mareada y dinámica. Pelearme con el mundo y compartir la lucha, no caer en la simplicidad de un verbo conjugado, de un pronombre cambiado.  Ser más que palabras que engloban, y etiquetan, quiero contenido ingrávido, exclusivo e inmune a los desastres del tiempo, la rutina y la pasividad.
Pretendo una habitación plagada de recuerdos cuasi perfectos, tal vez demasiados, pero aspiro a encontrar en mi camino ciertos pájaros, algunos cielos, y 45 lunas completas.

lunes, 11 de abril de 2011

palacio de arena

Sin querer conjugamos en un palacio de arena, pintado de valores y remates de ilusiones perdidas, castrado de injusticias. Se cruzaron allí dos pájaros pintados, dos luciérnagas confundidas.  Con la esperanza en  mano.
De prepo nos cruzamos, salimos a jugar sin pensar, tomados de las manos, saltamos de charco en charco.
Tú me parecías un artista de la risa, soñador de otros mundos. Yo me veía como huérfana de corazón,  esperando despertar.
Me viste corriendo, agonizando de tristeza, abrumada, lejana en el deseo.
Yo te vi con el sol naciéndote de los poros y retumbando en las sonrisas de quienes te observan.

sentada con el cielo...



Sentada en la oscuridad del silencio,  reflejándose la luna, un cielo fuerte y extenso, se interna en mí tu imagen. No lo entiendo, ¿por qué tienes la habilidad de aparecer cuando mi vida tiene quiebres y se transforma? Cuando todo parece inestable,  tú te presentas como un sólido inquebrantable, como un canto rodado que protege, que lastima, que resguarda.
Amo tu imagen, el recuerdo de ti que me surge, los tiempos compartidos entre tú y yo, sin testigos, solos y compañeros. Son fotografías a las que no se retorna, intrasladables y siempre perecederas.
Allí inundada te recuerdo, me invado de nostalgia, te quiero por un rato y continúo observando un cielo lejano,  estrellas que mueren pero iluminan y un astro creciente que te invita a la reflexión.

viernes, 8 de abril de 2011

realidad y realidades.


Esta realidad que me brota,
que me cruje los sentidos
se sumerge en mis poros.

Rechinan mis pies que señalan un futuro incierto,
allí donde clavo en las paredes recortes de recuerdos, formando nubes,
estrellando los rincones con atípicos colores.

Aquí y ahora, miro estos dedos de cañón, armas de doble filo,
que transpiran cada elemento, lo expulsan, variado y único, estable y duradero.

Resbala el sonido de un río ajeno que salpica con fuerza las líneas de este cuaderno inmaculado, perdido en la multitud.

Así se disparan olores,
caricias,
memorias del olvido,
que lo engendran y aniquilan.

Cruzada y avasallada tomo distancia,
calculo los segundos atados a mi mano,
reflexiono con la soga horaria prendida al cuello.
Pienso, selecciono las mejores manzanas, y digiero con amplia satisfacción la deliciosa, amarga, peculiar realidad que por un rato me abraza con imperdonable y clara intensidad.

jueves, 7 de abril de 2011

Hermana


Ojalá  estas manos desproporcionales supieran tejerte una vida impoluta, fresca y sincera,
te lo mereces.
Te pienso como trompo chiquito, siempre en movimiento, trepando desventuras,
repleto de colores, con una sonrisa de noche estrellada que se abre camino, deambulando por cerros y ríos por los que a veces se esconde, pero siempre, siempre, reaparece.
Por ti, rompería los esquemas del tiempo y suplantaría a Morfeo para concederte los mejores sueños. 
Porque tú, hermana querida, eres compañera de vuelos y andanzas, alumbras mis incertidumbres y apaciguas mi dolor.
Por eso te quiero,
 y seré tu ancla en la tierra y tu mar para navegar.

mi yo interno


Mi yo interno, mi alma, mi mente
se cierne conflictiva,
le nacen mariposas de fuego
y se sienten las cicatrices del río en mis actos.

Hay hechos vestidos de imposible,
hay luces que inauguran y ciegan,
hay inconstancia, esa palabra alberga un dinamismo perverso y gentil
que no cesa de aparecer en mi camino.

Y  todo eso me hace y deshace.

Soy furia, rencor, maldad, injurias, peleas,
llaves, puertas, melancolía, fantasías, historias y versos,
soy un número finito de palabras y de cuentos.

lunes, 4 de abril de 2011

vinos, tierras, amor y otras deidades



Píntame vinos, calaveras, huesos y deidades en el rostro, yo me cubriré con un velo y seré tu muerte, tu mensajera, tu noche.
Todo se vuelve tan delgado cuando se viste de súplica, y se maquilla de necesidad.
El respeto queda lejano, se marcha hecho un susurro.
Que rechazo alza esa imagen de ser aminorado, de estatua perdida,  de vergüenza petrificada.
Y sin embargo, todos hemos pisado ese bosque del que renegamos.

sábado, 2 de abril de 2011

hilera...





Esa libre y encantadora línea que avanzaba por su vientre, que la partía en dos, que saltaba por su ombligo y lo resaltaba, encuadraba su belleza. Adoro recorrer, besar, esa hilera de pelo casi infantil que la invade. Es un camino, un paseo estipulado que te puede llevar a cientos de lugares, a miles de sensaciones, y siempre te reconoce, te acepta y te abraza.
Puedes navegar en el mejor estilo Penélope que de igual forma te guiará, te llevará a donde tú tengas y desees estar. ¿Por qué es  tan especial su vientre, mullido, cálido, que de un modo extraño te recuerda a tu primer hogar y que deja ese saber en la boca de que tienes que regresar? No entiendo la fórmula, ni recuerdo la explicación, sólo sé que al caer la noche en mi cama, pienso en esa hilera, en recorrerla, en besarla y en abrazarla

manos con sabor a sal




Mis manos tienen sabor a sal,
dime si pueden aportar a tu cuerpo más que desolación,
y si pueden florecer  naranjos por donde pasan.

Porque a veces, creo que solo arrasan con cuanto se cruza ante ellas,
y no pueden pintar ni estar a la altura del cielo austral que las imanta.

Las lavo incesantemente, loca y frenética para cocinar tiernos
y esponjosos besos,
pero de ellas nacen solo crudas verdades, atípicas e intemporales.


función de vida...



Pone tus pensamientos a contra luz, observa,
no soy la mujer que pensaste,
tal vez,
ni yo sepa quién soy ahora.
Me pensaba rompeolas y ahora me siento endeble, maleable.
Tú, cómo te sientes? Te piensas alguna vez?
Me miro bajo los grandes árboles y la grisácea lluvia montevideana,
qué tiene esta ciudad demacrada que te arrastra medio mundo,
que te lleva a antaño, que te abraza de corazón guerrero.

Y no sé quien soy, no puedo elegir un solo atuendo para esta función de vida...