viernes, 29 de abril de 2011

paseo incabable y cirular

Paseo por una ciudad gris que me abraza, me lleva consigo, me acurruca junto a su odio, allí choco con esos compases que narran los sonidos subiendo de escalón, ellos me trasladan a paisajes verdes puros, nublados, donde bebo una copa de vino, donde el silencio se acomoda y nos sentimos satisfechos de compartirlo.
El humo desciende hasta mis pulmones,  palpando cada uno de sus recovecos, y sale fuera, un movimiento automático que requiere de millones de diminutas acciones, y mientras, pienso.
Navego hacia quien sabe donde, tal vez a ese lugar donde plasmo aquello que me recorre y se instala en mi boca, que insiste en dibujarse en esta hoja, se realiza, se hace gesto inmutable y persigo campos de amapolas, deambulo por caminos repletos de naranjos, y el viento me abalanza contra esta silla incorruptible, siempre sincera,  que se apodera de mis manos y dirige un mundo paralelo inacabable y circular.

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