sábado, 2 de abril de 2011

hilera...





Esa libre y encantadora línea que avanzaba por su vientre, que la partía en dos, que saltaba por su ombligo y lo resaltaba, encuadraba su belleza. Adoro recorrer, besar, esa hilera de pelo casi infantil que la invade. Es un camino, un paseo estipulado que te puede llevar a cientos de lugares, a miles de sensaciones, y siempre te reconoce, te acepta y te abraza.
Puedes navegar en el mejor estilo Penélope que de igual forma te guiará, te llevará a donde tú tengas y desees estar. ¿Por qué es  tan especial su vientre, mullido, cálido, que de un modo extraño te recuerda a tu primer hogar y que deja ese saber en la boca de que tienes que regresar? No entiendo la fórmula, ni recuerdo la explicación, sólo sé que al caer la noche en mi cama, pienso en esa hilera, en recorrerla, en besarla y en abrazarla

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