miércoles, 13 de mayo de 2015

pozos




Que rabia volver a los mismos lugares, esos pozos nauseabundos de los que pretendía escapar, estoy embarrada, agotada. El problema sigo siendo yo, aunque intente cambiar, y algunas cosas transforme, aunque me deje llevar por el sentir y le quite cabeza a nuestro vivir, igual caí en la misma red perversa, enloqueciéndome por un tipo que está más desquiciado que yo, con menos conciencia y más entrado en años... Es que si no cambio yo, seguiré repitiendo la misma historia, perdiéndome por hombres más perdidos que yo, que se desesperan por el amor, miedosos y oscuros, inaccesibles hasta para sí mismos, egocéntricos, artistas.
Digo que son imbéciles pero la imbecil acá soy yo, quiebro una lanza por esos desdichados, porque conociendo los túneles que me conectan con ellos, ingreso a su mundo subterraneo. Allí desespero al verme asfixiada y desorientada en las catacumbas de hombres que ni me ven, que apenas mi sienten y que no me aman.

instante




el mar entre mis piernas,
vos
zambulléndote en mi,
tu lengua
y el caos...

                morir en su boca por un instante,
 expandirme, elevarme,
 devenir río,
inconsciente,
fugaz.


domingo, 20 de julio de 2014

una reverenda cagada...

Una reverenda cagada, que tontería por mi parte haber hecho algo así... lo hice porque estaba dolida, enojada, porque quería vengarme, ¿vengarme? De quién? Para qué? Si desde el principio sabía cuales eran las reglas del juego, sabía que no iba a herir a nadie más que a mi misma, que enredar los hilos que nos entrelazaban no ayudaría en nada, pero quería generar dolor, a mi, a él, provocar cierto caos, desatar los conflictos... que idiotez por mi parte... sólo conseguí joderme, llegar a lugares donde no quería llegar... Pensé por un instante que haciendo eso podría demostrarme que yo también era fuerte, también podía lastimarlo... en el camino de mis tristezas me volví miserable, injusta, torpe y perversa.
Que paradoja la vida misma, que en este lugar chiquitito, que es tan simple, tan fácil y nos empeñamos en volverla complicada, en hacerla jodida, aun cuando todo va bien, le damos una vuelta más a al rosca, tensamos un poco más, buscamos embarrarlo todo... Tal vez, sea sólo yo quien arremete y boicotea su propia existencia... Que triste haber hecho lo que hice, porque así lo sentí, lo desnudaba y me sentía triste, besaba su cuerpo y extrañaba, pensaba qué estoy haciendo acá? Por qué lo engaño? A quién engaño más que a mi misma, soy una ingenua que fantasea con que él me busque, me quiera y me desee sólo a mi... imposible, y como no es así me entrego a otros, corrompiendo mi cuerpo, mi querer... triste, me sentí una niña caprichosa e inocente que ante la adversidad rompe y destruye, sólo por no sentirse tan sola, para que el entorno caiga con ella, sufra y palidezca, para que el caos nos atrape a todxs y a todo... que triste...

sábado, 19 de julio de 2014

cambia?



¿Cambia algo? Se transforma lo vivido, lo sentido? Es menos real? Por qué? Que dilema el permitirnos ser libres, el dejar amarnos y ser amantes, cómo me cuesta no sentir dolor al saber que deambulas en otras camas... todavía en ninguna, todavía... pero sé que caerás y ya comienza a dolerme. Tal vez yo deba hacer lo mismo, aterrizar en los brazos de aquellos que me incitan a caminar por las noches, hoy beberé para pulverizar ese sentimiento cruel que te aprieta los tobillos a ti y que a mi me encarcela, creyéndome dueña de un cuerpo que no es el mío, no, no quiero ni pensar ni sentir eso. Tenes que poder vivir lo que te plazca y yo también, que lindo es compartir contigo, aunque te aleje con mi silencio, aunque te lastime con mis brusquedades, que bien me hace conocerte despacito, asombrarme con cada visita.
No sé si cambia, solo espero que a la noche ya no sentienta esto, y sobre todo me encantaría que eligieras dormir conmigo una vez más antes de que nuestros cuerpos queden impregnados de otros seres...

miércoles, 16 de julio de 2014

masa grisacea



No sé hace cuanto tiempo que no vivía este sentimiento, con esta intensidad.
Reconocía este sentir, como un líquido espeso, grisaceo, gélido, que lentamente ascendía. Comenzaba en la boca del estómago, que se retorcía, inquieto rugía, todo lo cubría con impotencia, sellaba con angustia cada canal sanguíneo.
Palidecí, mis brazos se entumecieron y el aire no alcanzaba, por mi esófago avanzaba esa materia oscura, pesada como el plomo que me arrastraba con mis demonios.
Quería gritar, mi cuerpo no reaccionaba, tampoco podía enloquecer en plena calle, desaforada, exorcizando mi angustia, no podía salpicar con mi miseria a los que tranquilamente caminaban a mi lado.
Estaba sola, aislada. Podía haberme tirado al suelo, dejarme caer sin más, fundirme con el cemento, inerte, inmutable, con la nada.
No podía irme, algo no me lo permitía, me decía quedate, esperá, aguantá un poco más y sin embargo, en cada cuadra fantaseaba con que al llegar a la esquina doblaba y me iba a mi casa, huía, corría todo lo que podía para alejarme de ahí. - En la próxima doblo- me repetía una y otra vez, intentando convencerme, juntando fuerzas para girar en mi ruta, cambiar el camino.
El recorrido era interminable, calles y más calles vacías, mojadas, invernales. Soplaba ese aire revoltoso, de tormenta, y nos movíamos, tomando, conversando.
No podía quitarles la vista de encima, era una atracción morbosa, miraba y me dolía, la angustia se hacía presente, se me metía en la carne, reventaba contra mi piel que ya no protegía ni resguardaba, los hombros se me contraían a forma de coraza, enfrentando como se podía ante los dolores del corazón. Todo el tiempo los buscaba, quería poder ver qué pasaba, qué hacían, hasta donde él respondía, hasta donde llegaba ese tonteo que había comenzado sutil e inofensivo y que ahora se convertía en insinuaciones y claras pretensiones. Necesitaba ver, ver para creer, ver para saber a qué, a quién me enfrentaba. Me dolían los ojos, un sabor agrio inundaba mi boca, se balanceaba mientras alimentaba mi enojo, quería matar y morir.
Nos sentamos, el whisky iba de mano en mano, ella se acercaba a él, lo intentaba tocar, acercar. Yo observaba, constantemente estaban bajo mi mirada incansable que vigilaba atentamente desde el momento en el que ví su mano buscando la de él, ansiando el roce. Primer golpe en el pecho, se me contrajo, sentí el filo del metal llegar hasta lo más profundo y quitarme el aliento. Intenté respirar para zafar de la atmósfera perversa que me cubría, sentía esa masa taponear mi estómago, hacerlo piedra, no podía entender qué pasaba y cada instante se volvía más fatídico, más irreal. No podía desprenderme de ese sentimiento, estaba embriagada en la pesadumbre del rechazo y la desesperación, incrédula me mantenía allí.
Finalmente le comenta que se va y le insinúa para que se vaya con ella, él se escapa de la invitación y viene a mi vera, se escabulle, ella se va sola.
Me sentí relajada, la tensión había menguado, él se quedaba conmigo, pero... mi cuerpo todavía estaba paralizado.
¿qué estoy haciendo? ¿ por qué quiero irme con él después de como me hizo sentir?
Caminamos juntos en silencio rumbo a mi cama.
Sopla el viento marino, las calles siguen encharcadas, el cielo está rojizo, tormentoso aun, la brisa me abraza los pómulos.
Ahora puedo respirar, sentir que el aire llega a mis pulmones.
El sabor agrio comienza a desaparecer de mi boca, esa boca con la que había invocado fuerza y poder, que había maldecido a la especie humana, a los sexos y al amor, que exhudaba desprecio, enojo y tristeza.
Se disipa lentamente, aunque ahora dejando el sabor confuso del vacío y el rastro de un dolor.

sábado, 5 de julio de 2014

ese barco se fue...



Ese barco se fue

para no mentir,
para no engañar
para no sufrir.
No rompo la canción con palabras,
para no eclipsar
ni emborronar
intentando decir lo que no se puede explicar
lo que es pa' sentir.

Ese barco se fue 
para que otro pueda venir
y avivar
y crecer
se fue
para que otrxs habiten
y crucen mi cuerpo
como a la mar.
Para que surjan del encuentro
más poesías que recitar/susurrar.

Para que nazcan más melodías 
para entonar/bailar.

jueves, 15 de mayo de 2014

aquella situación



Lo más rescatable de aquella situación, o tal vez lo que primero pude identificar fue el extrañamiento, verla allí a unos metros de mi y darme cuenta de que ya no la conocía, al menos no como antes, esa persona que había sido tan cercana, con la que recorrí tanto. Me la estaba cruzando aleatoriamente en una calle cualquiera en una noche cualquiera e intercambiábamos unas palabras, en una mezcla entre lo protocolar y el interés que suscitaba tal encuentro. Era como toparte con un trozo de pasado, ahí sentí cierta nostalgia, es tan raro extrañar a alguien que ya no es. Y de un momento a otro, alegría, percibirnos a ambas desde cierta distancia, como sobrevolándonos y vernos contentas, cada cual donde quería y podía estar, disfrutando y sonriendo, y por esas cosas de la vida, cruzándonos nuevamente.

Después de los rodeos y la actualización correspondiente, poco queda por decir, su novio parece ya incómodo, aburrido testigo ante esa conversación ajena. Ella se percata y segundos después ya continuamos nuestros caminos, se marcha con él lentamente, envueltos en esa membrana impermeable que los aísla como dupla oficializada y sagrada. En mi rostro apenas queda el resto de una sonrisa, algo de compasión en los ojos. Tomo un momento para reflexionar. Vuelvo al lugar en el que estaba con otro amigo, que me mira cómplice ante lo acontecido. Conversamos, reímos, cantamos y cuando regreso a mi hogar sólo puedo pensar en ella, quiero ubicar alguno de los momentos en los que ese quiebre se dio, cuando no pudimos acompañarnos más, ni quisimos hacerlo.

viernes, 2 de mayo de 2014

mismas y nuevas...





Lo dejé acercarse a mi boca, seguro y deslumbrante como una pirámide. Me seducía continuamente, entrelazando cada palabra, como haciendo vibrar el agua con un delicado movimiento, me atravesaba. 

Los años se desvanecían, cada segundo rejuvenecía años luz su cuerpo, rencontrándose con esa mirada sagaz e incipiente. La ropa caía y con ella los prejuicios de ambas partes, apenas dejaba de mirarme el rostro para apreciar mis pequeños pechos, mi abdomen todavía virgen, mi piel apenas besada. 
Sus hombros cansados dejaban intuir una fuerza sobrehumana, su pecho ya encanecido y degustado por tantas otras, la experiencia a flor de piel imponía respeto y atracción.
Estaba quietita, esperándolo. 
Los pasos sanaron la distancia, sus yemas rozaron mi nuca, me atraparon, se zambulleron en mi espalda, bajaron inspeccionándome toda.
Erizada aceptaba cada milímetro, cada suspiro y jadeo que rebotaba en mi piel. 
Mis manos tomaron vida, encontrándolo cerca y necesario, ya muchas habían besado aquel trozo de piel que yo lamía, tal vez, mismas ternuras, mismos miedos, mismas exigencias, y sin embargo, siempre nuevas. 

viernes, 18 de abril de 2014

tu hombro, mi lengua





Como me gustaría acariciar tu nombre con mi lengua.
Tu hombro,
tu hombría,
tu sombra.
Sembrarnos lentamente,
ir haciendo vida.
Sin apuro,
entre humos y suspiros,
entre saltos y cobijas.
Excavarnos
hallar nuestros huesos
y los de los antepasados.
Plantarnos sonrisas,
tatuarnos los años.

sábado, 23 de noviembre de 2013

culpa




Siento culpa, nieta ya de un catolicismo caduco, la herencia de esta cultura judeo-cristiana está en mi piel, maldita, que se mezcla con mi deseo, mi sentir, mis ganas de libertad.

Y ahí me encuentro, siempre en lucha, siempre combatiente, contra mi historia, contra el mundo, contra lo que soy, buscando cambiar aquello que me encarcela y me priva.
Sin embargo, la pugna no acaba, infinita desde su concepción, me abofetea, me desgasta.
Cuando lloro, cuando me siento dolida por amores incomprendidos e inacabados, cuando me siento libre para coger con quien quiero y como quiero, cuando salgo a la calle con mis pelos al viento y me siento juzgada, ahí siempre resurge la culpa, esa que se me tranca en la boca, en la garganta y me roba hasta el pecho. Maldita culpa que me hace vacilar, me descompone, me lleva con su oleaje a las profundidades del mar de la deuda. Deuda con quién? con el cadáver de un dios inexistente? con mandamientos patriarcales que dicen que ser así no está bien, que esto no es ser mujer? No quiero ser esa mujer, no me interesa, sin embargo la culpa emana, y yo no sé que hacer con ella, cómo matarla.
Quiero creer que vomitándola acá la extraigo, borro los grilletes que la encadenan a mi cuerpo. Poniéndola en el estrado de un juicio innecesario, la condeno al exilio, aunque sé que es un ente insoluble, ese juego me germina una sonrisa y siento que puedo respirar un poco mejor.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dolida



Estoy dolida, 
lo asumo.
Comprendo que las siguientes palabras
están manchadas de tristeza.

Desde este lugar mísero
te digo que te di demasiado
en vos canalicé tanto amor
olvidé que eras un hombre de carne y hueso
te deposité en el mundo de las ideas
burbujeante, liviano
atrayente
escurridizo.

Pero sos un ser sapiente
narcisista y mundano.

No entendiste nada
te arrodillaste ante el miedo
y te refugiaste en conceptos vacíos

Quisiste escaparte.

No lo entiendo ni lo entenderé.

Pudiste marcharte de tantas formas
nunca negamos esa posibilidad

pero no así
cobardemente

contradiciendo tu decir

Sólo quiero contarte que
el movimiento de los cuerpos y el sentir
nunca  (nos) encadena
el amor no ata.

Es libertario
colorea y potencia
enardece y transforma
es nuestra arma cotidiana
es el deseo terrenal
es nuestro pan.

Hace bien
cuando lo dejamos ser
cuando nos miramos


y nos dejamos querer-queriendo 
en cualquiera de sus intensidades.


Así lo quiero yo, 
por eso te digo adiós.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

pequeña disertación...pequeñísima...

Me quiero pronunciar, dejar escritas algunas palabras, que aunque el agua lave, habrán sido dichas.

 No quiero que mi tiempo sea medido por otro ritmo que no sea el del amor, entendiéndolo como más que el marco artificial y rimbombante que nos venden, que nos inculcan. Pensándolo como todo aquello que nos potencie, nos haga mejores, nos nutra. Es decir,  todo aquello que queda por fuera de lo delimitado como campo amoroso, que casi nos roban cuando dicen que el amor es una cosa, un objeto, que es monógamo, que se puede cuantificar, medir y hasta impedir. Cuando nos dicen que el amor es posesión,  celos, seres mixtos que hacen un solo cuerpo despreciando su individualidad. Cuando nos niegan lo diverso, lo ambiguo, lo que no se puede explicar.
No, eso no es amor, no.
Quiero que el amor que pienso se haga, que lo hagamos, todos, todas, todo el tiempo.
Quiero que nos queramos aunque no nos banquemos, aunque el otro o la otra nos incomode o nos irrite, quiero que nos queramos lo mínimo para no lastimarlo a propósito, ni siquiera sin querer queriendo.
Quiero que la oscuridad deje de ser entendida como todo lo malo, como lo negativo del mundo, sin ella tampoco hay nada, sin la oscuridad los besos tiernos de antes de dormir no serían  lo mismo, las caricias infraganti no tendrían el mismo sentido, los roces no significarían lo que son. La voz no resonaría igual sin ella, el tacto no sería el protagonista, ni el resto de los sentidos.
En la oscuridad pasan muchas cosas, de ella surgimos, en ella nos gestamos, nos hacemos de a poquito, y en ella nos escondemos, nos refugiamos cuando nos perdemos o cuando nos queremos perder.  A ella acudimos cuando la luz nos ciega, nos invade, nos marea.
En ella vivimos cosas que no viviríamos con el sol del mediodía ni con el sol de medianoche.
Quiero decir, que aunque me ponga cursi (de lo que me doy cuenta),  tenemos que decirlo, tenemos que gritarlo,  escribirlo, pronunciarnos, si queremos construir este mundo desde otro lado, tenemos que explicitarlo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

hacer el amor



Tengo ganas de hacerte el amor. 

Nunca me imaginé diciéndolo sin una sonrisa burlona, sin embargo acá me hallo, sintiéndolo, pensándolo, queriéndolo.
No encuentro ni mejores palabras ni tan reales como esas para expresar la necesidad de ese abrazo, de esa conexión, de ese encuentro.
Rompo el cascarón del cinismo, despojo a esas palabras de la cursilería redundante, para decirte que tengo ganas de hacerte el amor, no sólo dulce y silenciosamente, también te quiero devorar sin tapujos, gritando, riendo.
Sentirte, que me sientas, vernos desnudos sonriendo, besarnos todos, tocarnos cada retazo de piel.
Sí, quiero hacerte el amor.

viernes, 31 de agosto de 2012

no, ya no.





Ya no eres un soplo de frescura,
primera mirada al mar.
Ni besos amontonados,
ni siquiera la sombra de ese cadáver exquisito que supiste habitar.
No, ya no.
Ahora eres apenas trozo de papel resucitado,
escupitajo necesitado de ser expulsado.
Eres hollín tétrico y asqueante,
indigno,
olvidado para ser recordado en estas noches
en las que no duermo
en las que cavo escondites
y memoria.
Tiempo que me enjaula,
y en este revoltijo de tierra, arena y agua
te hallo,
sombra de hombre,
puñado de mentiras,
pregonero de absolutos,
estafador de verdades.

miércoles, 29 de agosto de 2012

29



Juega  a su vera
como niña caprichosa y poderosa
ejecuta,
roba,
instala silencio donde hubo palpitación,
sentir,
vida.
Rabiosa,
miserable,
ladrona de juventudes,
de hijos,
de madres,
de sueños,
de futuro.
Castradora de pasados,
siembra dolor,
lo esparce
como semillas en tierra fertil.
Azarosa,
tenebrosa
e ineludible.

sábado, 25 de agosto de 2012

desfiladero


Vos caminas por el desfiladero, ese estrecho abismo que separa difusamente la locura de la cordura, te balanceas, incluso te dejas caer rebotando en sus paredes para volver a erguirte vivaz, cromático delirante. Te veo zarandear tu cuerpo de hombre  intangible, liviano, y me incitas, me  abanica tu presencia, quiero acompañarte ahí, peleando al destino imperfecto, sacudiendo las preocupaciones que se desfallecen ablandadas, acuosas, líquidas, carentes de significado.
Te invoco una y otra vez, conjurándote, suplicándole a la luna compañera que ejerza su potencia, que al mirarme me veas, para que pueda desenredar los millones de misterios que esconde tu coraza extravagante, que se camufla en la marea de la distracción, evitando ser señalada, quebrada, amada.
Porque tú también le tienes miedo al amor, a lo que surge en nuestro encuentro, las luces, la energía del oscuro cuarto de heroinómanos del deseo, los chacras gimiendo rotundos de satisfacción, los golpes genuinos que movilizan los canales del sentir, del placer.
Yo temo, demasiado, me aterroriza entrar en tu dimensión y a la vez me seduce, es un campo de incertidumbres fértiles. Me opongo, cierro mis persianas, me cobijo turnadamente entre el silencio absoluto o la imparable verborragia vacía. No puedo besarte puerilmente los labios, sin sonsacar el erotismo de tocarte y zambullirnos en tu establo de demencias, tiembla mi cuerpo en el trayecto intentando dilucidar los pasos dados y los que vendrán, te niego los abrazos del dormir y los del despertar.  Parece que sólo sé rozar tu cuerpo para excitar, para extraer el petróleo de tus huesos, hambrienta leona que caza inescrupulosamente a una torpe presa.
No. Quiero acariciarte los hombros, deslizarme cariñosamente hasta tu ombligo, entretenerme en tu sobresaliente clavícula, reconocerla con mis dedos, contar los lunares y las heridas que mapean tu piel, tu ser, descubrir las hazañas, las tristezas, la fatiga, la alegría. Despistarme con tu sonrisa para nuevamente arribar en tu rostro, contornearlo, delimitarlo, conocer el calor de tus mejillas casi ocultas, comprobar el espesor de tu barba, comprender las perspectivas y los planos de tu nariz. Darte el cariño que no quiero darte por miedo, desconstruir  tu persona, tu vida, la mía.

martes, 21 de agosto de 2012

Así



Es de noche en esta antesala montevideana, respiro dulcemente el frío que se inyecta por la ventana, que me abraza hasta tocarme los huesos. Tomo mate, tranquila, dejando que el calor se deslice hasta mi estómago, reproduciendo una y otra vez esta típica imagen que a casi todos nos llega, nos incluye. El silencio de la noche se hamaca sórdido e inquebrantable, mis dedos en el teclado son un reloj que marca el correr de los minutos, segundos, transcribiendo  mi existencia.
Me siento contenta, satisfecha, en estos momentos de relajación puedo apreciar el camino trazado, los pasos acertados y errados, todos los que me trajeron hasta acá.
Soy un cúmulo de imperfecciones y aun así sonrío.
Muto entre terremotos que sin querer abren puertas, las aprovecho,
hoy juego sin censuras,
salto a donde necesito ir.
Me conforta.
Los sismos, la incertidumbre, el miedo,
me habitan, me construyen, me derriban para fortalecerme.
Cierro los ojos,
si me estrello quiero hacerlo saboreándolo todo.
Estoy aprendiendo a despegarme del suelo,
a nadar en los registros del miedo y la valentía,
 zafar los círculos viciosos aplastantes y paralizantes,
cortar las espinas traicioneras,
gritar si tengo ganas.
Me espío,
como desde una cerradura
lejos
y me encuentro cantando,
bailando,
disfrutando,
ahí estoy riendo sin parar,
luminosa,
rebozando colores,
así estoy y así quiero continuar.

240712




Esta noche me enfermo y enojo con la gélida brisa de vacío que expira esta habitación roída de plegarias y suspiros impacientes. Me desvela la carencia y el paso del tiempo desmedido, el silencio abarcativo que tanto detesto y tanto me lastima, me golpea contundente y seco recordándome la fría ausencia, ésta que me enferma, que me castiga.

miércoles, 30 de mayo de 2012

contigo elijo



Contigo elijo cruzar los cielos,
la tierra y el mar,
ver cómo avanzan las arrugas
invadiendo mi piel
y la tuya.

Dejar que las canas ganen la guerrilla
a mi melena,
y a la tuya,
sonreírle al tiempo apresurado.

Asumir que cada invierno cala más profundo en los huesos
y precisar siempre tu abrigo
y tú el mío.

Querer cada amanecer
y agradecer por encontrarlo junto a ti,
nadar tomados de la mano las miserias humanas
y cumplir con la dosis de soledad para enfrentar nuestros males.

Padezco tu ausencia inmediata,
pero desde aquí,
desde la opaca ignorancia
de tu paradero,
de tus rasgos,
de tus manos,
desde aquí te escribo,
en silencio gritándote que
aquí estoy lista para iniciar el viaje
 ya sea
por cielo,
por tierra,
o por mar.

lunes, 14 de mayo de 2012

La mujer detrás de la cascada



Felicia sufre en esta realidad que le es hostil, injusta. Su mundo es ingenuo, su existencia se mueve de polo a polo, dramático e intenso es el correr del tiempo, maximiza los detalles azarosos, y un instante absorbe su vida.
A pesar de ello, se desliza gentilmente entre recovecos de una ciudad ajena, siempre tiene una  sonrisa que obsequiar aunque sus miserias le corroen el interior y desborda cariño a cuanto ser se detenga a su lado.
Ha aprendido a canalizar el dolor, a dejarlo caer desde las alturas y ver como se descompone en las piruetas pariendo un espectáculo increíble, allá lejana, en el Olimpo que es su trapecio.
Aun así Felicia teme, teme como tememos los ateos a la miseria de la soledad cotidiana, al silencio y al murmullo no identificable, a ser su única observadora. Teme sin pausas ni concesiones por eso busca, experimenta los rincones de otras camas y se hospeda bajo el torso de algún hombre. Se  esconde, de sus muertos, de su sombra, de encontrarse a si misma en la oscuridad, en la más cruel de las intimidades.
Y cuando ni los remedios ni las máscaras funcionan, cuando los hombros no bastan para acurrucarse ni taparse de su reflejo, entonces explota, y ya no danza en puntas de pie sobre el asfalto, ni alumbra arte, se encarcela en la locura, se desquicia, llora cuantas lágrimas caben en sus ojos, grita y gime como si le despegaran lentamente su piel a retazos. Ya no cree en el cielo ni en la tierra, no hay mundo, sólo dolor, tristeza, angustia que cae en cascada sobre ella, cubriéndola, impidiéndole ver más allá, convirtiendo sus emociones en cortina desfiguradora.
Queda aislada, se transforma en una postal que insinúa una mujer detrás de una cascada. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Se supone


Se supone que en estos momentos tengo que pronunciar unas palabras.
¿Se supone?
¿Para quién?
¿Para quienes?
Si estoy yo sola en este cubículo,
sola,
siempre sola y esperando.
El tiempo pasa y sigo acá, esperando.
La soledad es mi gran tormento,
tal vez por eso escribo,
para tener conversaciones con el papel,
con el otro que por razones varias llega hasta aquí
y  que por alguna razón lo lee.
O para no callarme estas palabras
que aunque banales e incoherentes
traslucen deseos, miedos y miseria
 y dirigen mis dedos desesperadas por ser oídas,
aunque tal vez no lo merezcan.
O puede que crea que con algunos movimientos
nocturnos, algunos susurros,
tuerza un poco este puto destino.
Tal vez sea un poco de todo eso
o puede que tal vez solo sea una tipa solitaria
garabateando secuencias durante los primeros minutos
de su nuevo año.

jueves, 29 de marzo de 2012

Esta Tristán


Hoy, desde la puerta del local observaba esa calle que se contonea delante, esa Tristán que sin ser tremendamente extensa abarca innumerables mundos, te absorbe a su mundo donde conviven cientos de dimensiones,  extravagantes, tenebrosas, amables, compañeras, académicas, nocturnas y enviciantes.  Porque es así, en el día es atravesada por miles de transeúntes que van dejando su huella y sin siquiera pensarlo se llevan consigo mil historias. Personajes de este Montevideo insomne, delirante e inhóspito que los devora y regurgita invisibles. Han cruzado al más allá y su regreso no es valedero, los archivamos como muertos vivientes y pasan al sector del olvido, de ser vistos y negados, cosificados como elementos mórbidos del paisaje.
Sin embargo, aclarado el pavimento, el saber se inyecta en las aceras, los libros rebozan y coartan el caminar construyendo laberintos de paradojas.
Y aun así atrapa por su singularidad, su desprolijidad poética, sus incansables oportunidades y su diversidad de ofrendas. 
Es una calle con piernas y mentes, a todas permite su espacio, los acobija con su singular querer que es ambivalente, familiar, irreverente y adictivo, tierno y efusivo.   

lunes, 19 de marzo de 2012



Si supieras cuantas horas, días, dedico a pensar en vos,
a besar la silueta de tu recuerdo.

Entiendo la distancia,
la necesidad,
el momento,
y de igual forma soy incapaz de abandonar lo que siento.

Me da pánico imaginar que las noches avanzan sin vos,
sin que vos sepas todo lo que sos para mi.

Remolinos de tristeza giran las aspas de mi reloj.
Tristeza que huele a vos,
que esparce el color de tus ojos a mar borracho.

Que cierto este amor complejo que ha enfrentado tantas miserias,
desenfrenos, usos y abusos.
Aun así perdura, y con cada amanecer suspiro con la ausencia de tu cuerpo ocupando esta enorme cama que tuvimos.

Este puto océano que nos separa,
telón de hierro,
que nos aplaza, repeliéndonos.

Te quiero tanto y te extraño,
quisiera decírtelo mientras recorro tus ríos violetas que bañan tus ojos,
rodeándolos y confraternizando con esa nariz helénica,
besando tus tímidos labios. 

Moribunda aceptación


Qué nos separa?
Por qué nos empeñamos en huir?
A qué le tememos realmente?
Nos ahogamos en este desierto,
somos fruto de esta rencorosa agonía,
por cobardes frustramos este indescriptible crepúsculo.
Nos negamos.
Perdón, apenas logro vislumbrar mis verdades,
no puedo soldar palabras
en tus silenciosos labios 
ni empujarte conmigo al abismo del dilema.
No conozco tus angustias,
imagino que asfixian como las mías,
que te adormecen el cuerpo hasta doler
y te exigen movimiento, cura, solución.
Solo voy a extraer mi percepción
y contarte qué incertidumbres me atormentan.
Tu indiferencia me lastima,
son cortes gélidos y delgados en la piel,
cada vez que tus oceánicos ojos me esquivan
escucho el golpe de los látigos impactar 
contra mi espalda, 
cobrando los cientos de errores que supe cometer.
No siempre reconozco tu persona.
Algunas veces creo estar frente a un extraño,
que ocupa el cuerpo de aquel chico que conocí,
con otra forma de enfrentar la vida.
Otras, aparece aquel niño al que defraudé
y que me observa con sus ojos vacíos
que exhalan amor y desprecio.
Y aquellos días encontré el hombre al que esperaba,
cálido y compañero, el hombre que supo combatir sus miedos
que se conoce y ansía descubrir.
No recuerdo por qué ese hombre se fue,
ni por qué yo lo dejé marchar,
o por qué me encerré en ese silencio que olía a duelo,
y me refugié en este gris consuelo
de aceptación moribunda.
Me abandoné,
y ya ni recuerdo por qué.