martes, 21 de agosto de 2012
Así
Es de noche en esta antesala montevideana, respiro dulcemente el frío que se inyecta por la ventana, que me abraza hasta tocarme los huesos. Tomo mate, tranquila, dejando que el calor se deslice hasta mi estómago, reproduciendo una y otra vez esta típica imagen que a casi todos nos llega, nos incluye. El silencio de la noche se hamaca sórdido e inquebrantable, mis dedos en el teclado son un reloj que marca el correr de los minutos, segundos, transcribiendo mi existencia.
Me siento contenta, satisfecha, en estos momentos de relajación puedo apreciar el camino trazado, los pasos acertados y errados, todos los que me trajeron hasta acá.
Soy un cúmulo de imperfecciones y aun así sonrío.
Muto entre terremotos que sin querer abren puertas, las aprovecho,
hoy juego sin censuras,
salto a donde necesito ir.
Me conforta.
Los sismos, la incertidumbre, el miedo,
me habitan, me construyen, me derriban para fortalecerme.
Cierro los ojos,
si me estrello quiero hacerlo saboreándolo todo.
Estoy aprendiendo a despegarme del suelo,
a nadar en los registros del miedo y la valentía,
zafar los círculos viciosos aplastantes y paralizantes,
cortar las espinas traicioneras,
gritar si tengo ganas.
Me espío,
como desde una cerradura
lejos
y me encuentro cantando,
bailando,
disfrutando,
ahí estoy riendo sin parar,
luminosa,
rebozando colores,
así estoy y así quiero continuar.
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