miércoles, 30 de mayo de 2012

contigo elijo



Contigo elijo cruzar los cielos,
la tierra y el mar,
ver cómo avanzan las arrugas
invadiendo mi piel
y la tuya.

Dejar que las canas ganen la guerrilla
a mi melena,
y a la tuya,
sonreírle al tiempo apresurado.

Asumir que cada invierno cala más profundo en los huesos
y precisar siempre tu abrigo
y tú el mío.

Querer cada amanecer
y agradecer por encontrarlo junto a ti,
nadar tomados de la mano las miserias humanas
y cumplir con la dosis de soledad para enfrentar nuestros males.

Padezco tu ausencia inmediata,
pero desde aquí,
desde la opaca ignorancia
de tu paradero,
de tus rasgos,
de tus manos,
desde aquí te escribo,
en silencio gritándote que
aquí estoy lista para iniciar el viaje
 ya sea
por cielo,
por tierra,
o por mar.

lunes, 14 de mayo de 2012

La mujer detrás de la cascada



Felicia sufre en esta realidad que le es hostil, injusta. Su mundo es ingenuo, su existencia se mueve de polo a polo, dramático e intenso es el correr del tiempo, maximiza los detalles azarosos, y un instante absorbe su vida.
A pesar de ello, se desliza gentilmente entre recovecos de una ciudad ajena, siempre tiene una  sonrisa que obsequiar aunque sus miserias le corroen el interior y desborda cariño a cuanto ser se detenga a su lado.
Ha aprendido a canalizar el dolor, a dejarlo caer desde las alturas y ver como se descompone en las piruetas pariendo un espectáculo increíble, allá lejana, en el Olimpo que es su trapecio.
Aun así Felicia teme, teme como tememos los ateos a la miseria de la soledad cotidiana, al silencio y al murmullo no identificable, a ser su única observadora. Teme sin pausas ni concesiones por eso busca, experimenta los rincones de otras camas y se hospeda bajo el torso de algún hombre. Se  esconde, de sus muertos, de su sombra, de encontrarse a si misma en la oscuridad, en la más cruel de las intimidades.
Y cuando ni los remedios ni las máscaras funcionan, cuando los hombros no bastan para acurrucarse ni taparse de su reflejo, entonces explota, y ya no danza en puntas de pie sobre el asfalto, ni alumbra arte, se encarcela en la locura, se desquicia, llora cuantas lágrimas caben en sus ojos, grita y gime como si le despegaran lentamente su piel a retazos. Ya no cree en el cielo ni en la tierra, no hay mundo, sólo dolor, tristeza, angustia que cae en cascada sobre ella, cubriéndola, impidiéndole ver más allá, convirtiendo sus emociones en cortina desfiguradora.
Queda aislada, se transforma en una postal que insinúa una mujer detrás de una cascada. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Se supone


Se supone que en estos momentos tengo que pronunciar unas palabras.
¿Se supone?
¿Para quién?
¿Para quienes?
Si estoy yo sola en este cubículo,
sola,
siempre sola y esperando.
El tiempo pasa y sigo acá, esperando.
La soledad es mi gran tormento,
tal vez por eso escribo,
para tener conversaciones con el papel,
con el otro que por razones varias llega hasta aquí
y  que por alguna razón lo lee.
O para no callarme estas palabras
que aunque banales e incoherentes
traslucen deseos, miedos y miseria
 y dirigen mis dedos desesperadas por ser oídas,
aunque tal vez no lo merezcan.
O puede que crea que con algunos movimientos
nocturnos, algunos susurros,
tuerza un poco este puto destino.
Tal vez sea un poco de todo eso
o puede que tal vez solo sea una tipa solitaria
garabateando secuencias durante los primeros minutos
de su nuevo año.