viernes, 22 de abril de 2011

Recuerdo



Recuerdo que no muchas veces me paré a observar tu cara,
ese río violeta que se acurruca sobre tus ojos, envolviéndolos, acompañando la caída de tu nariz.
Tenías una mirada fría, pero intensa,  de niño abandonado, cruel pero sin maldad, huraño porque la vida te lo exige, sin remedio, era tu defensa y la mía.
Encorvados en ese cajón pintado de soledad que elegimos, por miedo, por experiencia, por  necesidad, por ahorrarnos esos pasos intermedios que nos dirían que todo iba a estar bien, que la tormenta nunca llegará, porque sabemos que  aunque lo neguemos la tormenta  siempre llega y lo arrasa todo.
Por qué ceder y sufrir, arrojarse al vacío por una posibilidad, pedís un voto a ciegas.
Me pierdo en los versos que te dedico, que se asoman y esbozan las calles de Madrid, las caminatas inacabables buscando un entretenimiento nuevo, las risas retumbando en las paredes añejas y cercanas, las miradas que auspiciaban un tal vez seguro.
Te escribo porque te encuentro acompañándome a todos lados, y encontrándome con vos en otros mundos y quiero que lo sepas.

2 comentarios:

  1. Hermoso espectáculo con el que me vengo a encontrar esta tarde, un placer leer estas palabras realmente! Gracias por compartirlas!
    Diego

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar