Se había caído dentro de si misma y empezaba a empequeñecerse, menguaba a pasos agigantados y la vergüenza la envolvía. Su cara era un papel en blanco, no decía nada, no mostraba nada, pero uno sabía que ahí se hallaba un potencial. Sus manos eran hojas otoñales, curtidas pero bellas. Sus pies tenían la manía de arrastrarse un poco, como besando el asfalto por el que avanzaba, cuando se daba cuenta de ello, el primer paso siempre era desproporcional, levantaba su pie como si un escalón estuviera a continuación.
Cargaba montones de cosas, un morral que a pesar de su gran tamaño rebozaba, en sus manos el termo y el mate, el abrigo, la bufanda puesta que se le revelaba y caía como chorreando de un lado y cuando era acomodada, su otro extremo se dejaba escurrir, parecía que ese objeto estaba decidido a sacarla de quicio. Turnaba el cigarro desde su boca a su mano más libre, de ésta a la otra, luego nuevamente a sus labios, casi haciendo malabares para no detener su paso ágil pero con cierta dificultad.
Sus ojos bajos, mirando el piso, intentando no tropezar y esquivando a los transeúntes que al igual de ella marchaban a un paso ligero, con prisa atormentados por el tiempo. Con más de uno chocó pero ni levantó la mirada, trató de hacer un gesto de disculpa pero la cantidad de elementos no la ayudaba, el miedo y la vergüenza tironeaban de ella cada vez más hacia dentro aniquilando las palabras…
Cargaba montones de cosas, un morral que a pesar de su gran tamaño rebozaba, en sus manos el termo y el mate, el abrigo, la bufanda puesta que se le revelaba y caía como chorreando de un lado y cuando era acomodada, su otro extremo se dejaba escurrir, parecía que ese objeto estaba decidido a sacarla de quicio. Turnaba el cigarro desde su boca a su mano más libre, de ésta a la otra, luego nuevamente a sus labios, casi haciendo malabares para no detener su paso ágil pero con cierta dificultad.
Sus ojos bajos, mirando el piso, intentando no tropezar y esquivando a los transeúntes que al igual de ella marchaban a un paso ligero, con prisa atormentados por el tiempo. Con más de uno chocó pero ni levantó la mirada, trató de hacer un gesto de disculpa pero la cantidad de elementos no la ayudaba, el miedo y la vergüenza tironeaban de ella cada vez más hacia dentro aniquilando las palabras…

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