Me encontraba nuevamente con Merlina, pero era distinto, profundizábamos en otras conversaciones y sin embargo todo aquello que decía tenía una invisible escritura en broma, como absurda. No había pasado un día de la visita anterior, pero no la reconocía, hurgaba entre las ramas esperando hallar un vestigio de lo que era.
La irracionalidad bailaba a nuestro alrededor poseída por un viento pasional, intentaba alejarme de la situación, corriendo contra la marea que me argumentaba hacia el centro del huracán paradójico. Y desde acá la pensaba, la miraba, la cuestionaba, tan extravagante y dinámica pero con ciertos azules clásicos que daban seguridad, no podía atraparla en una palabra que la definiese ni la alcanzase, y se me hacía difícil comprenderla, sobre todo acercarla a mis infiernos y mis fantasmas.
La irracionalidad bailaba a nuestro alrededor poseída por un viento pasional, intentaba alejarme de la situación, corriendo contra la marea que me argumentaba hacia el centro del huracán paradójico. Y desde acá la pensaba, la miraba, la cuestionaba, tan extravagante y dinámica pero con ciertos azules clásicos que daban seguridad, no podía atraparla en una palabra que la definiese ni la alcanzase, y se me hacía difícil comprenderla, sobre todo acercarla a mis infiernos y mis fantasmas.

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