martes, 25 de enero de 2011

III Caricia Interna, Ella

III CARICIA INTERNA, ELLA.
Se encontraba reducida  a una habitación sin ventana, con apenas un colchón, una mesita y una lámpara. En ese lugar había colocado un cenicero y había creado como pudo un cajón. No tenía mucho para guardar después de la pelea con su padre, no le habían permitido conservar nada. Supuestamente el fin de toda aquella represalia era que ella valorara lo que tenía. Así que solo le quedaban sus hojas, su lápiz y la imaginación. 
Miraba el techo, las zonas en las que éste se besaba con la pared que ansiosa ascendía fríamente hasta chocarse con él, que impedía el paso.
Miraba los rasguños de la pared, de sus noches de locura, de sus noches con él. Sí, cuando lo colaba en la casa y lo guiaba a su cuarto, evitando ser vistos por el patriarca de la casa. Recordaba, se le asomaba un deje de alegría en sus labios, pensaba lo bien que se sentía al conseguir su hazaña, al jugar a esos escondites, la adrenalina galopando en su cuerpo.
Se focalizaba en las tantas manchas del suelo, eran cicatrices del pasado, tantas risas se concentraban en cada marca. Inspeccionaba cada elemento que se le cruzaba.
Llegó un punto en el que no quedaba más nada que observar, y casi sin darse cuenta, empezaron a aparecer otros elementos, algunos claramente reconocibles y otros que nunca antes había visto. Se le secaba la boca al intentar describirlos, las palabras se volvían una mezcla rara, una especie de pasta que se pegaba entre los dientes y la imposibilitaba.
Así que se hablaba sin mover un músculo y se contaba con infantil calidez todo lo que le generaba. Y se sonreía, sin moverse, a lo que le seguía sentirse receptora de dicha sonrisa, ahí la tomaba, la guardaba en una latita y la colocaba junto a otros recuerdos. Todo eso sin moverse un ápice. Se imaginaba colocando esa sonrisa, doblándola, acariciándola, y sintiéndose contenta y satisfecha por la tarea realizada.
Entonces apoyó su mano en el colchón y comprendió que no eran reales, y comenzó a reir, no recordaba en qué momento la “realidad” se había teñido completamente por su imaginación, pero se sentía alegre, feliz.
Estaba concentrada en su respiración, que se parecía a una caricia desde adentro, maternal, dulce y tranquila.


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