…Este es el diario de Ella, que vuela por distintos mundos, viviendo multitud de sensaciones, traspasando los límites, y allí, mientras aletea, permite que otros recuerden sus aventuras…
I CRIATURA ALADA, ELLA.
Ella, sentada con los ojos perdidos, hundidos, en ese fusca celeste, pueril, pacífico, casi tierno, que la llama, la atrae, la imanta. Habla con él, mantienen una conversación básica y profunda, casi instintiva entre mortal e inerte, tranquila e intensa. Contiene la mirada hasta que se llena de ese celeste cielo, se siente en paz, contenida por un objeto que sin tener boca habla con más sentido que muchas de las personas con las que se cruza a menudo.
Ya está en paz, se deja llevar por los distintos estímulos que la abruman, salta de uno a otro, como pisando charcos, y en cada uno de ellos, se inunda de emociones, percibe en este estado sensaciones que le cuesta entender cuando tiene los pies en la tierra.
Ella está volando, se siente ligera, perspicaz, abstraída de tantos dolores que no la dejan respirar .Allí desde lo alto, inhala, y exhala dejando que el aire la penetre hasta el alma. A veces, se susurra para sus adentros, ojala que no encuentre el camino de vuelta. Ojala esto dure para siempre, por que en este estado, se encuentra en paz.
Ahora posa sus ojos en un vehículo, un ómnibus que marcha a esos lugares en los que nadie se interesa, esa periferia triste y oscura, que muchos omiten y a donde tantos regresan entrada la noche.
Allí la realidad se transforma, las luces se ciernen opacas, las tinieblas ocupan todos los espacios imaginables. Solo aquellos que tienen dignos los ojos pueden apreciar la belleza, contenida en la brutalidad, en la dureza del aire y de las manos, en la crueldad arrastrada y desprestigiada que a todos besa. Allí se impregna ese tipo de belleza, que casi nadie ve.
Ella se ve yéndose con ese vehículo que trastabillea, que retumba cansancio, que inhibe y vive cuando tantos pernoctan. Viaja, con sus alas rojas, aletea, hasta que ingresa en ese cementerio de vivos, de comatosos activos, que se ven inmersos en sus perturbadas vidas y ni se inmutan ante la presencia de esa extraña criatura alada.
De pronto, esa realidad periférica la azota con mucha fuerza, casi tumbándola. Pero pronto retoma altura, siente la desolación calándosele en los huesos, machacándola la dureza.
Distingue un tumulto, son seguidores de ella, de la santísima, la demócrata, la reina y dueña del pueblo, son seguidores de la Santísima Muerte. Con sus velas, sus tambores, sus pistolas, la acompañan en un rito casi enternecedor, donde la llevan en brazos cual madre, adorándola con tanto amor y devoción, que ella desde las alturas de su vuelo le duele, le arde, la lastima.
No entiende, no comprende la fidelidad a esta diosa cadavérica. Piensa, paras sus alas, se deja llevar por ese dolor que le arranca las entrañas. Lo siente, casi lo disfruta. Deja que perdure unos segundos, que se expanda por cada vena de su cuerpo y por fin, lo entiende.
Distingue un tumulto, son seguidores de ella, de la santísima, la demócrata, la reina y dueña del pueblo, son seguidores de la Santísima Muerte. Con sus velas, sus tambores, sus pistolas, la acompañan en un rito casi enternecedor, donde la llevan en brazos cual madre, adorándola con tanto amor y devoción, que ella desde las alturas de su vuelo le duele, le arde, la lastima.
No entiende, no comprende la fidelidad a esta diosa cadavérica. Piensa, paras sus alas, se deja llevar por ese dolor que le arranca las entrañas. Lo siente, casi lo disfruta. Deja que perdure unos segundos, que se expanda por cada vena de su cuerpo y por fin, lo entiende.
Adoran a la única de las deidades que ama y odia por igual, a todos se lleva y a ninguno perdona. Es la única que no los condena por su forma de vida, que no arremete contra ellos sin causa justa ni les declina la entrada al paraíso. No los castiga. Ella es justa, es clara, es la madre que da la vida y la única que puede quitarla, es la Santísima Muerte que reclama lo que es suyo, ni más ni menos. Lo suyo.
Bruja
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