De niña me enamoraba ese Montevideo lluvioso, donde el gris se iba comiendo la ciudad desde el cielo. Lo miraba por la ventana empañada, con emoción escalaba mi vista ingenua en esos (para mi), rascacielos, gigantes de cemento que me observaban apáticos.
Y hoy me nutro de ellos con normalidad e indiferencia, casi con resignación los acoplo a mi interno. Todo cambia, sobre todo yo...
Y hoy me nutro de ellos con normalidad e indiferencia, casi con resignación los acoplo a mi interno. Todo cambia, sobre todo yo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario