Me acuesto en esta cama que me grita y me maldice, me abraza y me desquicia. Yo también le grito, muy fuerte, despacio, le exijo y le miento. Peleamos, luchamos, nos amamos sin cuidado, ahí cocino algunas recetas que me alivianan ese globo que guardo en el pecho y me retuerce por adentro. Acá he realizado arduos combates, a veces buscando un campo de amapolas, a veces queriendo escapar y pisotear ese olor a lavanda que recubre a lo insólito, e incluso pretendiendo imaginarme extensa como el ancho mismo de la cama, abastecedora de cuentos y de imágenes.
Habitó mis cegueras, mi insomnio, mis llantos, mis risas, mis versos, tironeó de mi mente y me arrojó a estas hojas.
Ésta, mi cama, mi puente al cielo y al infierno, mi ciudad natal, un camino por el que transitar.
Habitó mis cegueras, mi insomnio, mis llantos, mis risas, mis versos, tironeó de mi mente y me arrojó a estas hojas.
Ésta, mi cama, mi puente al cielo y al infierno, mi ciudad natal, un camino por el que transitar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario