Recolecto tus palabras, las pongo en mi boca, ahí se deslizan, se mueven y se desmigajan y salen, nuevas y usadas. Simone descubro tu figura, armo un puzle de ti con tus historias, en todas ellas te encuentro, a ti, parisina excéntrica, desolada, idealista y luchadora desesperada e incansable. Me enterneces, me exasperas, me identifico y te odio, después, todo pasa, llega la calma y resurges, tierna y carismática, te creo, te comprendo y me veo. Espero a esos años en los que recorreré París, y me sentiré un poco tú, escribiré sobre mis amores y desamores, sobre mi, sobre ti, sobre las mujeres que habitan este mundo, que se sienten desprotegidas pero orgullosas, que no saben dar el brazo a torcer y que siempre quieren saborear la realidad, cuestionándola y valorándola, repensándola y escribiéndola.
Esto es tal vez un agradecimiento por tus palabras que sin estar dirigidas a mí, me llegan. Y me prestan plumas para transcribir y volar, soñar que algún día, alguien se sienta conmovida y me escriba desde el futuro con entusiasmo para explicar que un texto mío revolvió en su interior, llegó a su boca y la impulsó.
Esto es tal vez un agradecimiento por tus palabras que sin estar dirigidas a mí, me llegan. Y me prestan plumas para transcribir y volar, soñar que algún día, alguien se sienta conmovida y me escriba desde el futuro con entusiasmo para explicar que un texto mío revolvió en su interior, llegó a su boca y la impulsó.

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