Me atormenta
la pérdida de sueño
que provoca
el escuchar
tu sonrisa congelada
por el olvido
que lleva el paso del tiempo.
La agonía
se ata a mi boca,
se escurre por mi cuello
y entra en mi pecho.
Y te veo en el sillón
pidiéndole cuentas al reloj.
Y te veo en un rincón
hablándole al reloj,
pidiéndole clemencia
por tu error.
Sucumbo a la tristeza
que me espera detrás de la puerta,
me enmudece,
me atraviesa.
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