Los nombres subrayan
cada paso,
sus gritos ahogados en mentiras,
mentiras envueltas en otras,
verdades a medias.
Los restos de memoria
pujan por rozar el alba,
madre sin voz que
llora con lágrimas secas,
parada en el frío
sostiene los trozos
de su quebrado corazón
en blanco y negro.
Abrazos que no se dieron,
susurros,
caricias olvidadas,
sueños estancados.
Preguntan al vacío
diminutos detalles,
su color favorito,
su canción predilecta,
sus gestos cotidianos.
Y no encuentran respuesta,
están enterrados en alguna
cuneta,
en un campo,
en un lugar abandonado
de su nombre y de sus zapatos.

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