Me pregunto por qué no puedo dejar de pensar, de intentar traducir, explicar cada cosa que me pasa, de forzarme, de pelearme conmigo para hacer cosas hermosas, particulares, especiales, e introducirme en una espiral de palabras que no dejan de resonar en mi, como intensidad, alas, volar, océano, navegar.
Intento escapar de mis ovillos inacabables de complicación, escribiendo y plantando conflictos que me atraviesan, y con las letras liberarme de su carga y sin embargo, aun allí colgadas se divierten saltando en mi cabeza.
Intento escapar de mis ovillos inacabables de complicación, escribiendo y plantando conflictos que me atraviesan, y con las letras liberarme de su carga y sin embargo, aun allí colgadas se divierten saltando en mi cabeza.
Y me descubro susurrándome frases que son incipientes partos de tal vez poesías impactantes e impuntuales. Que la mayoría mueren en el olvido, a campo abierto.
Otras manipulan los sentidos, te arrastran al teclado que imprime una sinfonía violácea que se cuela por la habitación, ascendiendo como cortina de humo.
Otras manipulan los sentidos, te arrastran al teclado que imprime una sinfonía violácea que se cuela por la habitación, ascendiendo como cortina de humo.
Se trancan los músculos que entran en contradicción, una parte de vos quiere decir todo, completar la hoja con verdades que escalan mi garganta, perforándola. Y en ese instante, salta otra parte que lucha por resguardarse,por empujar de vuelta a mis entrañas todo ese fuego de sinceridad que quiere abarcarlo todo. Y se completan los álbumes de una dialéctica perfecta y penosa, dura y arenosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario