La batuta de la desigualdad
marca el ritmo,
los maleantes mecen sus
cuerpos lejos de las orillas del mar de la desesperación.
El azul viento acaricia sus mejillas
mientras la grisacea miseria curte los cuerpo
del ancho y delgado sur.
Las piramides florecen,
se benefician
gracias a las fuerzas
del ultimo escalón.
Que funciona de contrafuerte,
de nervio y de nada.
El diapasón impone la sonoridad
de esta falsa orquesta,
los primeros violines siempre al inventado
norte de la esfera.
Desgracia es lo muchos ven al salir el sol
sumado al in crescendo de apatía
en fa bemol.
Repitiendo siglo trás siglo
la misma oda al sufrimiento,
nunca se cansan de aplastar
a quienes permiten avanzar.
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