domingo, 20 de febrero de 2011

observome...


Me observa desde esa oscuridad traslúcida, con ojos de reproche, sus poros exigen, reclaman, esperan con impaciente despecho que se dé ese cambio que tanto ansía, que por fin sea como se supone que debería ser. No puedo. Cada milímetro que conoce de mí la aleja, la insta a ser más metálica y fría, más distante. Y por esas jugarretas de la mente, su despecho y su indiferencia, su reclamo, su forma distante me empujan hacia un abismo de sacrificio, de necesidad de acercamiento, de culpabilidad ilimitada, de clara insatisfacción, de frustración hipotecada. Allí en ese coágulo de emociones, allí se engendran sensaciones dispares, se une la necesidad y la totalidad, la angustia, el odio y el amor, la corriente que siempre te arrastra a buscar un reconocimiento y  la fortaleza para seguir siendo tú, la misma que cabalga por los senderos que tu marcas, la que es y se orgullece, la que no quiere vivir enajenada en una vida que no es suya y que es como esperan los demás, esa eres tú, contradicción y afirmación, eres negación y libertad, eres una bruja encadenada por sentimientos adversos, satisfactorios y malignos, por cientos de deseos, por ansiedades marcadas.

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