Impaciente leo ese libro que alberga tantísimas empatías, se me "enmuda" el estómago y cada palabra se convierte en lazo. Reconozco en ellas mis vivencias y lo comprendo.
Admito cierta envidia, como es claro, yo también quisiera morder naranjas que contuvieran y resguardaran esas imágenes, me encantaría incitar con cada trazo y repercutir a su manera.
Pero sobre todo, lo admiro, me enamora su extravagante forma de elegir, de soñar, de plasmar.
Quisiera que me nacieran los espasmos involutarios que lo impulsan tan alto, ojalá los tuviera...
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